El día que vomitaste pedacitos de esperanza
Hundidos en melancolía qué salía de tu garganta
Arrastraban las cadenas rechinantes de mi duelo
Con áspero susurro, declarabas odio honesto
Consumías resentimiento alimentado por el suelo
Tragabase el frío tus llorosos cabellos
No quise irrumpir en tu sagrado aliento
Que habría sido el último si no lo hubiera hecho
Mis manos se llenan de sangre sin carne
Un desesperado ruego, violento, honesto
Honesto como el odio, así llamaste a tu impotencia
Fueras quien fueras, no existía esa vil coherencia
La única esperanza, pedacitos de garganta
Un adiós embotellado en plástico naranja