En la alegría de haber recorrido mi mundo,
con la mente tranquila, flotando por encima de todo,
dejando poco a poco el pesado cuerpo atrás, despegando por fin.
En ese inevitable momento de mirar al pasado,
de sentir la alegría de ser siempre yo,
de ser honrado consigo mismo,
de hacer regalado mi yo,
de tener una finalidad,
de haber cumplido,
con mi destino,
con mi misión.
De ser frágil,
de ser flexible,
de ser fuerte,
contradictorio,
pero siempre yo.
Sin mentiras, sin tapujos,
de poder enfrentarme sin miedo,
al final del camino, aceptando mis miserias,
sin reproches, sin engaños, siendo lo mejor que pude,
dando lo mejor de mi mismo sin tener que salir de mi mismo.
Viviendo entre las olas, entre las mareas, en mis ríos,
dejando que ahora me arrastren a mi lugar,
con la alegría de haber vivido,
una vida auténtica,
mi propia vida,
singular,
lejana,
cercana,
a ratos,
a momentos,
y ahora me voy alegre.
Despacio, muy despacio,
en estos tiempos pavorosos,
y me alegro de haber sido como soy,
con ese amor tan singular que nadie comprende,
sin embustes, sabiendo mirar más allá de las apariencias,
en esos momentos que son la riqueza que nadie puede comprar,
Dejando el cuerpo atrás, con la alegría de haber sabido derrochar mis dones,
entre fogonazos del resplandor, en esos instantes que son eternos.