Adriano del Valle

El Secreto

A orillas de la fábula, secretamente mía,
desde el árbol de sangre donde nace el latido
que se asoma a tu pulso, tu lengua, flor mojada,
era un sésamo oculto para el paisaje mórbido
de tu floral desnudo, desgajado en pudores
y amorosas laderas silvestres, en la sombra
de tus senos en vilo, colmenas del enjambre
cuyo vuelo guiaba el beso más antiguo.
Sempiternas colinas con pétalos y zumos,
el sí y el no acertaban, dudoso de tu aroma;
áureo botín de besos, acosadas axilas,
fugacísima imagen traída en tus relámpagos,
abriéndome entre lirios palomas y moluscos.
Y tú, ya casi un claro de luna en tus pestañas,
arcángel sin edad eras sencillamente.
Y acueducto sin lluvia, la luz del arco iris
nos volcaba el secreto flamígero del beso,
la soledad abriendo a nuestras almas juntas
donde las aves urden sus alcobas de trinos.
¡Oh amada mía! Siempre tu inaccesible cumbre;
y ya en ti, me despeño virgíneamente tuyo,
cuando el aire y el río te huelen desde cerca
el tatuaje invisible de la piel de tu aroma.
Y entonces, voy bajando por la rampa del grito,
del fulgor y la piedra, del viento y de la nieve;
ave soy rubricando con el vuelo las cumbres;
Ángel Caído soy recluido en tus ojos,
mordiendo en tu cabello sus pendulares frutos,
desplegando en mi torso su funeral bandera,
tu ardiente cordillera midiendo con mis brazos...
Con mi equinoccio envuelvo tus claros hemisferios
de antípodas caricias, cuando exploran mis besos
la tibia sangre nómada de tus venas azules.
La luna era el ex-libris del éxtasis nocturno,
tallo de flor nacido de tu propia semilla,
soledad sin los árboles que sostienen el cielo,
la delicia ignorando de beber en tu lengua,
como la piedra ignora el lenguaje del pájaro.
Si el beso no era un símbolo creado en tu homenaje,
su corola en tu hálito tuvo pétalos dulces
para impregnar la tierra con mieles suficientes
cuyo dulzor brotaba de la raíz del mundo.
Te conocí en el lecho mineral del planeta,
mientras tú apaciguabas la luz en la montaña...
Cósmicamente mía... Norte, Sur, Este, Oeste,
nupciales, cuatro vientos te velaban el sueño.

THE SECRET

To borders of the fable, secretly mine, from the blood tree where the beat is born that is shown to your pulse, your language, wet flower, were sésamo hidden for the naked, falling apart floral mórbido landscape of your in pudores and loving wild slopes, the shade of your sines in vilo, beehives of the cluster whose flight guided the oldest kiss.

Everlasting hills with petals and juices, yes and did not guess right, doubtful of your aroma; golden booty of kisses, harassed armpits, most fleeting image brought in your lightning, opening to me between irises doves and moluscos..

And you, already almost a clear one of moon in your eyelashes, arcángel without age eras simply. And aqueduct without rain, the light of the rainbow overturned the flaming secret of the kiss, the solitude opening to our together souls where the birds beam their alcoves of trinos.

Loved Oh mine! Always your inaccessible summit; and already in you, I hurl over a cliff yours virgíneamente to me, when the air and the river smell to you close from the invisible tattoo of the skin of your aroma.

And then, I am lowering by the incline of the shout, the fulgor and the stone, the wind and the snow; bird I am sealing with the flight summits; Fallen angel I am shut in in your eyes, biting in your hair its pendular fruits, unfolding in my torso its funeral flag, your ardent mountain range measuring with my arms... With my equinox I surround your clear hemispheres of antipodal caresses, when they explore my kisses the lukewarm nomadic blood of your blue veins.

The moon was ex--libris of the nocturnal éxtasis, the stem of flower born of your own seed, solitude without the trees that maintain the sky, the delight ignoring to drink in your language, as the stone ignores the language of the bird.

If the kiss were not a symbol created in your tribute, its corola in your breath had sweet petals to impregnate the Earth with sufficient honeys whose dulzor appeared by the root of the world.

I knew you in the mineral bed of the planet, while you calmed the light in the mountain... Cosmically mine... North, the South, This, West, nuptial, four winds guarded the dream to you.



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